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Reporte Talleres sobre democracia Luis K'Fong Fierro Como parte de los cursos de actualización que recibe el magisterio de las escuelas técnicas del país, el Centro de Bachillerato Técnico, Industrial y de Servicios 158 (CBTIS 158) y el Instituto Tecnológico de Parral (ITP) solicitaron a esta Coordinación de Investigación y Desarrollo Académico apoyo en forma de sendos talleres sobre Valores y la posibilidad de su enseñanza, transmisión y formación en ellos. La cooperación entre las instituciones se concretó en un taller de cuarenta horas entre el 20 y el 24 de enero del año en curso, ejercicio en el que participaron 22 compañeras y compañeros maestros del CBTIS, diseñado y facilitado por los integrantes del equipo Educación para la Democracia. Por su parte, 20 compañeros docentes del ITP participaron en un curso-taller donde reflexionamos sobre valores e intentamos redactar ensayos o cuentos didácticos, cuya materia fueran temas axiológicos, o sea un taller ético-literario que se desarrolló en dos sesiones a la semana de tres horas cada una entre el 20 de enero y el 14 de febrero. Los talleres, desde mi punto de vista, tienen dos objetivos: que los participantes –incluidos los facilitadores– construyan el conocimiento sobre el tema para lo que han sido convocados; esto es que no se trata de un curso frontal en el que se instruye, imbuye, introyecta o receta un conocimiento. El otro es disparar un proceso que los tallerandos tendrán que completar, sea colectiva o individualmente, en el cual profundizarán sobre los temas a los que –apenas– se expusieron en el taller. En otras palabras que un ejercicio de este tipo no pretende agotar –ni mucho menos– la reflexión, en este caso, sobre la cuestión valoral o la posibilidad de su enseñanza. ¿Cumplieron estos objetivos los talleres aquí reseñados? Mi opinión es que sí. En el CBTIS, por ejemplo, las cuarenta horas de discusión, convivencia, confrontación y diálogo nos sirvieron para enriquecer nuestra visión sobre tema tan importante. Sin embargo, igual hubiera sido valiosa la experiencia si únicamente hubiéramos sacado una de las conclusiones que conseguimos: La democracia tiene que ver con mucho más que la limpieza en el conteo de los sufragios. En realidad implica valores tan importantes como la tolerancia; la consecución del consenso como preferente en las resoluciones el derecho de las mayorías a implementar su proyecto, pero con respeto a las minorías; la resolución pacífica de los conflictos, el diálogo como método de socialización de las posiciones; la discusión abierta y sin cortapisas como la arena de lucha consecuente pero pacífica y tantos otros que supone una convivencia democrática, los implica o los aporta para otros actos de convivencia interpersonal, colectiva y solidaria. Pero fuimos más allá. Reflexionamos y contemplamos la posibilidad de practicar estos valores en la escuela y de inmediato surgieron los temas candentes en la convivencia escolar. ¿Qué sucede con las preferencias estéticas de las minorías sociales? O en otras palabras, ¿cómo debe reaccionar la escuela ante estilos alternativos de vestir o adornarse, por ejemplo los de los cholos? Pero más concretamente ¿cómo resolver los conflictos que genera el hecho de que este nivel de educación exija todavía asistir uniformados a los educandos? Según expusieron ahí los compañeros, con anuencia de los padres de los alumnos, por medio de una carta de compromiso expreso, los jóvenes se obligan a asistir vestidos de cierta forma. Quienes se atreven a violar el compromiso, deben ser sancionados. Para ello, hay una especie de policía interna que les dicen prefectos y se encargan de suprimir a los heterodoxos, enviándolos a casa por esa jornada. Los profes del CBTIS tienen distintas posiciones. Los que prefieren al orden sobre cualquier otro valor, en un extremo. Quienes argumentan por la libertad como presupuesto de toda decisión éticamente significativa en el otro, discutieron al respecto. No hubo conclusiones, no tocaba decidir en esa instancia. Pero ahora cada posición cuenta con más argumentos o, mínimamente, está informado del razonamiento alternativo al propio. Tal vez una enseñanza primordial de este ejercicio sea esa: ¿no sería deseable que esta práctica –el ventilar asuntos aparentemente escabrozos– se generalizara en los centros educativos? Argumentos en contra he oído algunos, a lo mejor el más repetido es el que dice que las conversaciones sobre temas álgidos crean conflictos, muchas veces artificiales y más graves de los que se pretenden solucionar. Y puede ser, pero la democracia es eso: según F. Savater no garantiza la resolución de todos y cada uno de nuestros problemas políticos o sociales, es más, no garantiza nada, conlleva el riesgo de la equivocación, pero hasta ahora es el único modo de convivir más o menos probado en el que se puede actuar con libertad, responsabilizándonos de nuestro propio destino. En el nivel de la escuela vale exactamente lo mismo esta opinión. Mientras las cosas de la educación se sigan decidiendo en la superioridad; por inercia; porque la norma así lo exige; a la escuela se le estará quitando una de sus características esenciales, el ser un ámbito de experimentación, de crítica, de proyecto e imaginación, en una palabra de libertad un poco más amplia que la que gozamos en el resto de los espacios sociales. En Parral la experiencia no fue menos gratificante. Ahí estuvimos intentando construir sesudas tesis que apuntalarían ensayos, cuentos o representaciones teatrales. Intentando juicios de valor sobre la vida y su contraparte, la muerte y su muy específica forma, el suicidio. No porque nadie quisiera suprimirse en el taller, sino porque queríamos probar si era cierto que aún temas donde parece que ya todo ha sido opinado, que las cosas están resueltas de una vez y para siempre, aún ahí hay divergencias, matices y contextualizaciones. La corrupción, el amor materno, el lenguaje altisonante, los Simpson y los Picapiedra, fueron puestos en tela de juicio: ni eran buenos, buenos, buenos, ni eran malos, malos, malos. La verdad no es tan sencilla y mucho menos la formación de jóvenes y adolescentes, no en la verdad, sino en la búsqueda permanente de ella. En fin que estas fueron dos oportunidades de afilar las armas del modesto arsenal que tiene el equipo de Educación para la Democracia. Las probamos y, desde mi punto de vista, superaron el primer proceso del temple. Tanto que podemos ahora ofrecerlas al resto de la comunidad docente, en la intención de abrir el menú de posibilidades para profundizar en temas tan importantes como la axiología y la democracia. |
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